Un Guerrero halla regocijo en el silencio

Antes que gritar, habla. Antes que hablar, susurra. Antes que susurrar, calla. Pues el silencio de las palabras conduce al silencio de la mente. El silencio de la mente lleva al silencio del yo. Y en este estado se puede por fin escuchar el menaje que llega de lo alto.

Por ello un Guerrero debe ser parco de palabras. Cada vez que le sea posible se guardará de ellas. Aquieta así las ondas del estanque y contempla entonces la apertura de la flor sagrada.

¡Om Mani Peme Hung!

Lucas Estrella Schultz – Estampa de Guerrero

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¡Om, alabada sea la Joya enel Corazón del Loto!

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Un puente sobre aguas turbulentas

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Aguas turbulentas

Un reconocido Sensei regresaba de visitar varios dojo y de una larga peregrinación. Al cruzar el puente sobre un río de aguas turbulentas tres jóvenes practicantes lo reconocieron de inmediato y se acercaron a él. Uno de ellos se lanzó sin preliminares a preguntar al Sensei:

-¿Qué tan profundo es el río del Budô?

Como única respuesta el Sensei lo tomó de las solapas de su chaqueta y se aprestó a lanzarlo por encima de la barandilla  al río turbulento que corría bajo sus pies.

Sus compañeros reaccionaron rápidamente y, tras excusarse con el maestro, solicitaron que éste desistiera de entregarle una lección instantánea a su atrevido compañero. Y todo quedó en apenas un gesto al borde del vacío. Sin más saludaron con cortesía al Sensei, volvieron a pedirle disculpas por las molestias, se despidieron de él y cada uno continuó su camino.

Años más tarde, el joven y atropellado practicante llegó hasta el dojo del Sensei y solicitó el permiso para ingresar y así poder practicar bajo su dirección. El Sensei lo reconoció de inmediato com el protagonista del incidente en el puente sobre el río de aguas turbulentas. Y lo aceptó en ese instante.

Y así, muchos años más tarde, éste mismo se convertiría en un reconocido Sensei a su vez.

De la anécdota se desprende que conviene estar preparado para recibir la respuesta antes de realizar la pregunta. El método directo de transmisión puede implicar una experiencia directa y ruda con la realidad. El joven practicante se inspiró en la imagen del río para realizar su pregunta como una metáfora acerca de la complejidad y transcendencia del Camino. El Sensei, al lanzarlo al río, lo enviaba a sondear por sí mismo la realidad. Una experiencia directa. El Dô no es broma, ni mero juego de ideas; es algo muy serio en que se juega la vida y así existe la posibilidad de la iluminación, el satori.

(Historia adaptada a partir de una anécdota atribuida al Maestro Zen Rinzai 臨|済|宗, Japón. Ensayo sobre Budismo Zen, vol.1 D.T. Suzuki).

Un Guerrero nunca desespera

No importa cuán extremas sean las circunstancias en lo exterior, el Guerrero encuentra refugio en sí mismo y permanece calmo.  El cuerpo en guardia, los ojos penetrantes, el espíritu dispuesto. En la quietud puede entonces tomar distancia de las situaciones y examinarlas con cuidado. Donde muchos se detienen ante un portal inamovible, el Guerrero sabe ver la brecha por donde se cuela un rayo de sol. Lo que para algunos es una catástrofe interminable, para el Guerrero es un contratiempo de dimensiones definidas. Lo que para algunos es una pérdida, para el Guerrero es un alivio.

Por ello el Guerrero permanece siempre entero. Luego de ver la apertura en la guardia de su oponente, entra como un destello de luz y vence sin combatir.

Y aun en la alegría y en la confianza permanece centrado.

Lucas Estrella Shultz – Estampa de Guerrero, Grijalbo.

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Una brecha de luz

Autoentrenamiento para la perfección

Las prácticas y técnicas se consideran como autoentrenamiento para la pefección, el medio a través del cual un hombre puede conseguir aquella “maestría” gracias a la cual no existe la más mínima discordia entre el hombre y sus actos. Es un entrenamiento para conseguir eficiencia y confianza en uno mismo. Sus recompensas se cosechan aquí y ahora, porque permite a un hombre enfrentarse a cualquier  situación empleando el esfuerzo justo, sin pasarse ni quedarse corto, y le da un control de su mente, que de otro modo vacilaría, para que ningún peligro externo ni ninguna pasión interna lo desvíen de su meta.

El crisantemo y la espada – Ruth Benedict

el filo del guerrero

La espada

Las cinco puertas 五關

Las Cinco Puertas – 五關

El blog de 道

Por el cuarto ancestro zen, Dayi Daoxin (siglo VII):

Entiende esto: Buddha es esta mente. Fuera de esta mente no hay Buddha. Brevemente, sugiero que hay cinco principios básicos:

Primero: Conoce la esencia de la mente. La naturaleza esencial es pura. La esencia es Buddha en sí misma.

Segundo: Conoce la función de la mente. Su función da lugar a la joya del Dharma. Funciona sin obstrucción, pero siempre está en calma; incluso los diez mil engaños son en esencia solo esto.

Tercero: El Constante Despertar no tiene final. La mente Despierta siempre está presente. La Enseñanza de este Despertar es sin forma.

Cuarto: Entiende siempre que el cuerpo está vacío y tranquilo. Dentro y fuera son transparentes entre ellos. Tu cuerpo surge enmedio de la realidad última. Nunca han habido obstáculos.

Quinto: Mantén un mindfulness-unificado sin desviación. Ambos, movimiento y quietud no van a parte alguna

Aquellos que practiquen…

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Una pregunta directa. ¿Por qué practicar?

Esta vez la pregunta es directa: ¿Por qué practicar?

Luego de unos días me respondí y pensé que podría compartir mis pensamientos.
Practico porque es aburrido, porque no sirve para nada y porque es difícil.

Jugar videojuegos, ver películas mientras se come basura o hacer zapping en el cable de TV podría ser más divertido, fácil y sin compromiso alguno.

Practico porque me obligo a pasar por encima de mi propio ego y observo mis pensamientos pasar. Identifico así la cantidad de chatarra que mi mente produce y dejo ir todo. Así miro de paso la cantidad de temores, restricciones y chatarra balbuceante que mi mente produce y dejo ir todo.

Así miro de lejos mis apegos, aversiones y todo lo que hago para sabotearme la vida cotidiana. Puedo ver mi humanidad completa y sin recortes.

Quizás no pueda practicar más Aikido, pero me queda el Iaido. Y que tampoco todo lo que quisiera. Quizás una vez a las perdidas… Y la pregunta sigue siendo válida.

 

 

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O Sensei

“Prioridad del vacío sobre lo lleno, de lo interior sobre lo exterior”.

También dirigió sus pasos hacia el Shugendo, las vías budistas del Shingon y del Tendai. Al fin abandonó todos estos movimientos
para consagrarse a la vía del Zen. Y fue allí donde encontró amigos que practicaban la vía del Kendo. Vivía entonces en Tokio. Hacia 1955 había alcanzado un nivel muy alto, sobre todo en iaido (escuela Omori ryu), pero en él se operaron profundos cambios en cuanto a la manera de concebir la finalidad del arte del sable. Fue en esta época cuando dejó Tokio para ir a Shimizu donde se entrenó en un importante dojo de
esta escuela. A través del iaido y del kendo buscó la liberación final y el estado de vacuidad. Le impulsaba el deseo de liberarse del sentido egótico de ser un individuo separado del conjunto. Era necesario ir más allá y vincular las leyes que rigen lo infinitamente grande a la práctica del sable. Para alcanzar este objetivo se sometió, paralelamente al entrenamiento, a períodos de ascetismo extremo, incluso peligroso.
Desde los ejercicios del Shugendo a las recitaciones mántricas del Shingon, de la meditación Zazen al Misogi, el maestro Takeuchi adquirió capacidades sorprendentes.
Su primer objetivo fue purificar sin cesar el cuerpo y la mente. El fin al que aspiraba era llegar a la permanencia del ser real por medio de la contemplación Zen. De las numerosas técnicas e ideas que había descubierto, seleccionó los elementos esenciales a su modo de entender las cosas de la vida y formuló una verdadera doctrina que, en
pocas palabras puede resumirse así: “Prioridad del vacío sobre lo lleno, de lo interior sobre lo exterior”. Pero, a los alumnos avanzados que comentan esta fórmula, confiesa que más allá de un cierto grado de realización, ya no existe ni vacío ni lleno, ni interior ni exterior!
El maestro Takeuchi habla suavemente y trata siempre de hacer comprender lo que dice a su interlocutor. Comprendiendo que mi japonés no tenía nada de universitario, se paraba a menudo, repetía en inglés, utilizaba palabras corrientes y hacía muchísimos croquis (que he guardado cuidadosamente). Aquel día habíamos hablado largamente. Todavía no sé porqué. Siempre guardando una cortesía exquisita
hacia el punto de vista del otro, pero sin tocar jamás los límites de la hipocresía. Con él uno tenía un sentimiento de confianza y de seguridad. Bajo una naturaleza fuerte y  poderosa se esconde una gran dulzura ¡pero me hizo falta tiempo para darme cuenta de ello!
Era ya noche cerrada cuando me despedí. Salí rápidamente para coger el tren de Shimizu a Shizuoka. El trayecto no era largo, pero de la pequeña estación de Shizuoka al dojo había unos buenos veinte minutos en bicicleta. Siempre fiel, ésta me esperaba entre muchas otras. Salté encima y partí a la velocidad de un kamikaze hacia el dojo.
¡Domingo! Un día que, a lo largo de mi estancia, llegó a ser como cualquier otro día. Para todos era un día de descanso, para mí y un amigo que me acompañaba, era un mal trago que pasar. Incluso habiendo dejado el judo, después del paso a cinturón negro en el Kodokan, el entrenamiento de aiki-jutsu del maestro Mochizuki
Minoru era penoso y peligroso (¡dejé allí una rodilla!), pues todos los adversarios eran 2º o 3º dan en diversas disciplinas como el judo, el aikido o el karate, y los golpes se daban a fondo. He llegado hasta a tener miedo, en un estado de fatiga extrema los reflejos se resienten y yo temía recibir un mal golpe que diera al traste con todos mis proyectos (¡que en esta época eran muchos!).

 

El Arte de Cortar el Ego

El Arte de Cortar el Ego

A partir del punto de elección en que se decide no traicionar tu senda personal, te liberas y rompes tus cadenas. Te maravillas ante la posibilidad de ver con nuevos ojos cada instante de tu vida. Que ya nunca más será como solía ser. Y es ahí donde comienzas tu aprendizaje, vives el fracaso y la preparación, recibes la transmisión de tus Maestros en la práctica cotidiana y por medio de tus lecturas y las enseñanzas de quienes son tus guías. El hambre de aprender te impulsa. La mejor forma de aprender es enseñar a otros, compartir lo que se te ha mostrado y enseñado, comunicar con respeto, amabilidad y gratitud.

Las lecturas de cada día se ordenan alrededor de la “hora sagrada”, esos 60 minutos reservados cada mañana, sin excepción, a las primeras actividades del día. Un tiempo sagrado para hacer el trabajo interior; para leer, meditar, reflexionar, escribir, volcar en las libretas los diarios, el mitori  geiko, la revisión del estado de las cosas de la vida que se transita cada día. En lo posible ver el amanecer y enfocar cada día tal como es: único e irrepetible. Con solicitud, compasión y carácter para recorrer el Camino, en este ensayo de eternidad.

 

Lectura:  Michel Coquet (2011) Iaido: El Arte de Cortar el Ego. Escuela de Misterios Ediciones.

El viento sobre el lago

Nahuel huapi en invierno https://tierrapatagonia.wordpress.com/2010/08/05/invierno-en-nahuel-haupi/

El viento sopla sobre el lago y ondea su superficie. Los efectos visibles de lo invisible se manifiestan por sí mismos. Indica un corazón libre de prejuicios y abierto a la verdad. Estas son las palabras del I Ching en su Hexagrama Nº 61 “Chung-Fu” – “El Viento Sobre el Lago”.

Pasados estos meses de rehabilitación de la funcionalidad y la movilidad, las largas horas observando este gran lago andino bajo mi ventana, casi siempre barrido por el viento patagónico, siento los efectos visibles e invisibles que se manifiestan por sí mismos.

Hay en este transcurso de las horas y los días algunos puntos fundamentales y básicos, que llevan a una vida parecida a los monjes Zen sin necesidad de tener que convertirse en uno de ellos. Tus hábitos, tus movimientos, la necesidad de compensar lo que ya no puedes hacer como antes; el esfuerzo calculado y medido; el alcance meditado de tus acciones; tu vida en permanente balance.

Por lo que haces todo de modo distinto, diferente y con otro sentido.  Todo se ha re-significado. Todo te habla de un modo nuevo. O no, pero al menos ahora captas el sentido y se torna inteligible.

Y haces, y haces y haces; como si fuera la última oportunidad de hacer algo en la vida. Y lo es, esta oportunidad es la única, todo lo que eres es ahora. Entonces haces:
Una cosa a la vez. Es parte de la vida de un monje Zen, una tarea, nada de multitareas. Un proverbio Zen dice “cuando camines, camina. Cuando comas, come”.
Haciéndolo pausadamente y con propósito. Aunque hagas una sola cosa, pueden realizarse aleatoriamente y con precipitación. Por el contrario tus acciones deberán ser razonadas y realizadas con pausa, así ganas en concentración.
Haciéndolo de forma plena. Centras tu mente en la tarea y la complas antes de pasar a la siguiente. Si algo queda inacabado, apartas la tarea completamente no dejando ningún resquicio. Si preparas un sandwich, no lo comas hasta que hayas ordenado y limpiado todo lo que utilizaste para prepararlo.
Haciendo menos. Un monje Zen no tiene una vida perezosa. Se levanta pronto y trabaja durante todo el día, pero no genera una lista de tareas sin acabar. Sean cuales sean las tareas que realices serán esas y ninguna más. Menos tareas significa poner tu atención en ellas y las realizarás plenamente, Muchas tareas programadas hará que saltemos de una a otra rápidamente sin pensar y sin concentrarnos en ellas.
Espaciando las tareas. Disponer de tiempo entre tareas te ayuda a concentrarte en ellas y te facilita completarlas. Una programación relajada ayuda a finalizar tareas que se alarguen disponiendo del tiempo que necesario para finalizarlas.
Desarrollando rituales. Los monjes Zen tienes sus propios rituales para las tareas que realizan, desde comer a limpiar o meditar. Eso les ayuda a darles la máxima atención y a que sean realizadas, con pausa, correctamente. No hay porque seguir ningún ritual, creas tus propios rituales para cada tarea que realizas, preparar comida, limpiar, despertarse o acostarse o hasta como preparase para la práctica.
Asignando tiempo para ciertas tareas. Hay tareas diarias que requieren un horario específico. Determina el tiempo para el aseo, para trabajar, para limpiar o para comer. Esto asegura que las tareas sean realizadas regularmente. Si algo tiene la importancia suficiente para ser realizado con regularidad, se asigna el tiempo necesario.
Dedicando tiempo a sentarte. Una parte fundamental de la vida del monje Zen es la meditación sentado (zazen). Esto requiere designar un tiempo simplemente para sentarse. La meditación es práctica, ayuda a encontrase pero no hay por qué realizarla cuando estés sentado. Hacer ejercicio puede ser una buena práctica para centrarse en uno mismo, cualquier actividad te puede ayudar a encontrarte.
Sonriendo y ayudando a los demás. Los monjes Zen dedican parte de su día al servicio a los demás. Esto enseña humildad y aleja el egoísmo de sus vidas que se orientan al servicio. Dentro de la familia o fuera puedes dedicar ese tiempo a los demás. De igual forma sonreír y ser amable con todo el mundo ayuda a mejorar la vida de los que te rodean.
Haciendo que limpiar o cocinar sean parte de la meditación. Además de la meditación zazen, limpiar y cocinar son partes importantes del día de un monje Zen. Pueden resultar vigorizantes al realizarlas cada día como prática del auto-conocimiento. Si resulta que son aburridas, intentas hacerlas parte de la meditación, concentrado en ellas, haciendo pausada y plenamente, tu día cambia plenamente (y tu casa estará más limpia y ordenada).
Pensando qué es necesario. Hay muy poco en la vida de un monje Zen que no sea necesario. En su armario no hay prendas exclusivas, ni muchos zapatos, nada de instrumentos tecnológicos, coches o comida basura (su dieta es vegetariana). No es necesario vivir como un monje Zen pero nos tiene que servir para recordar que hay muchas cosas en la vida que no son necesarias; es interesante pensar que necesitamos realmente en nuestra vida y que cosas son necesarias.
Viviendo de forma sencilla. Es que, si no es necesario, puedes vivir sin ello. Liberando, soltando y dejando ir aquello que no sea necesario o esencial. Para cada uno, esto será diferente, familia, lectura, ejercicio o lo amigos pueden ser algo esencial en tu vida. Decides lo que es lo más importante para tu vida y le das cabida en tu vida eliminando lo que no sea esencial.

Ph: https://tierrapatagonia.wordpress.com/2010/08/05/invierno-en-nahuel-haupi/

El Camino entre las piedras

Do - EL Camino

“El ‘camino’ de la práctica no es llano, sino que está cubierto de piedras afiladas que nos hacen tropezar o que pueden atravesarnos los zapatos. La vida en sí misma es peligrosa. Y encontrar el peligro es, en términos generales, lo que impulsa a la gente a acercarse al zen.
El sendero de la vida parece ser un cúmulo de dificultades, de cosas que nos dan problemas; sin embargo cuando más practicamos más comprendemos que esas piedras afiladas del camino son, en realidad joyas de inmenso valor porque nos ayudan a preparar las condiciones adecuadas para nuestra vida. Las piedras son diferentes para cada persona. Alguien podría desesperadamente necesitar más tiempo a solas; otro tal vez ansíe pasar más tiempo con otras personas. La piedra afilada podría ser trabajar con una persona desagradable o vivir con alguien de trato difícil. Las piedras afiladas podrían ser tus padres, tus hijos, cualquier persona. No sentirte bien podría ser tu piedra afilada, o perder tu empleo, o haber conseguido uno nuevo y preocuparte por conservarlo.
Piedras afiladas existen en todos lados, lo que cambia a partir de los años de práctica es que llegas a saber algo que ignorabas: que no existen las piedras afiladas, sino que el camino está cubierto de diamantes”.

La vida tal como es – Enseñanzas zen
Charlotte Joko Beck con Steven Smith
Ed. Gaia-2006