La contradicción y la incoherencia en el Aikido

Contradicción e Incoherencia

Nihon aikidō shakai Mugen

Aikido_José_Santos_Nalda_AlbiacPor: José
Santos Nalda C.N. 4º Dan de Aikido.

Revista El
Budoka No 5

Tal como conocemos y practicamos el Aikido, en mi modesta opinión se aprecian dos contradicciones notorias:

1.-Incoherencia en el mensaje de “Armonía” personal e interpersonal.

2.-Incoherencia en el mensaje de “paz, de protección y de amor” y el modo de aplicar las técnicas, en forma destructiva.

INCOHERENCIA SOBRE LA ARMONÍA EN LAS RELACIONES

¿Cuántos aikidokas profesores y alumnos poseen y viven la armonía coherente, entre el mensaje de Ueshiba del que tanto les gusta hablar, y lo que realmente hacen y dicen en el Dojo o fuera de él?

¿Cuántos aikidokas entienden de verdad el significado de “armonía”?

Una mirada objetiva sobre las actividades y comportamientos de los aikidokas a nivel local, nacional, europeo etc., nos muestra la ausencia de entendimiento y armonía, manifestada en alguna de estas formas:

-Motivaciones y objetivos puramente egoístas más o…

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Un puente sobre aguas turbulentas

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Aguas turbulentas

Un reconocido Sensei regresaba de visitar varios dojo y de una larga peregrinación. Al cruzar el puente sobre un río de aguas turbulentas tres jóvenes practicantes lo reconocieron de inmediato y se acercaron a él. Uno de ellos se lanzó sin preliminares a preguntar al Sensei:

-¿Qué tan profundo es el río del Budô?

Como única respuesta el Sensei lo tomó de las solapas de su chaqueta y se aprestó a lanzarlo por encima de la barandilla  al río turbulento que corría bajo sus pies.

Sus compañeros reaccionaron rápidamente y, tras excusarse con el maestro, solicitaron que éste desistiera de entregarle una lección instantánea a su atrevido compañero. Y todo quedó en apenas un gesto al borde del vacío. Sin más saludaron con cortesía al Sensei, volvieron a pedirle disculpas por las molestias, se despidieron de él y cada uno continuó su camino.

Años más tarde, el joven y atropellado practicante llegó hasta el dojo del Sensei y solicitó el permiso para ingresar y así poder practicar bajo su dirección. El Sensei lo reconoció de inmediato com el protagonista del incidente en el puente sobre el río de aguas turbulentas. Y lo aceptó en ese instante.

Y así, muchos años más tarde, éste mismo se convertiría en un reconocido Sensei a su vez.

De la anécdota se desprende que conviene estar preparado para recibir la respuesta antes de realizar la pregunta. El método directo de transmisión puede implicar una experiencia directa y ruda con la realidad. El joven practicante se inspiró en la imagen del río para realizar su pregunta como una metáfora acerca de la complejidad y transcendencia del Camino. El Sensei, al lanzarlo al río, lo enviaba a sondear por sí mismo la realidad. Una experiencia directa. El Dô no es broma, ni mero juego de ideas; es algo muy serio en que se juega la vida y así existe la posibilidad de la iluminación, el satori.

(Historia adaptada a partir de una anécdota atribuida al Maestro Zen Rinzai 臨|済|宗, Japón. Ensayo sobre Budismo Zen, vol.1 D.T. Suzuki).

La Peregrinación del Tatami (II)

Las peregrinaciones han sido una parte esencial de la búsqueda espiritual desde tiempos inmemoriales. Pero ¿por qué la gente va en peregrinación, soportando dificultades y molestias? Si analizas el significado y el propósito detrás de hacer un viaje a un espacio sagrado; entonces encontrarás la razón para peregrinar.
¿Cuál es la diferencia entre el recorrido, un viaje y una peregrinación? La gente se mueve de un lugar a otro para una variedad de razones. Hay exploradores que siempre están en busca de tierras vírgenes que quieren poner su huella en. Quieren demostrar algo. Hay viajeros que tienen curiosidad de ver todo, por lo que viajan. Hay turistas que simplemente van a relajarse. Hay otros tipos de turistas que simplemente van a escapar de su trabajo o la familia. Pero un peregrino no va para cualquiera de estos propósitos. Una peregrinación no es una conquista, es una rendición. Es una manera de llegar a ti mismo en el Camino. Si no, es una manera de acabar agotado. Un proceso de destruir todo lo que es limitado y compulsivo; llegar a un estado sin límites de la conciencia.
Someter a prueba a quién eres.

Shoshin 初心

Shoshin – La Mente de Principiante

La idea detrás de una peregrinación es fundamental para someter el sentido de lo que eres. Es llegar a ser nada en el proceso de simplemente caminar y trepar y sujetarse a diversos procesos arduos de la naturaleza. En la antigüedad, para llegar a esos lugares, una persona tuvo que pasar por una cierta cantidad de malenestar físico, mental, y todo tipo de dificultades, por lo que se convierte en menos de que se piensa que es ahora. Hoy las cosas se han hecho mucho más cómodas. Estamos volando por arriba de todo, reduciendo las molestias y dificultades. Casi nadie peregrina para someterse a prueba y quienes lo hacen sólo caminando un poco del Camino.

Físicamente, somos seres humanos mucho más débiles que lo que solía ser hace miles de años,  porque en algún lugar y momento perdimos habilidades y ya no sabemos cómo hacer uso de los servicios y las facilidades de la vida en el Camino para nuestro bienestar. Los hemos utilizado para hacernos más cómodos, débiles, renunciando a proseguir a la más mínima de las dificultades para con nosotros mismos y con el entorno en el que existimos. Así que la idea fundamental de la peregrinación se hace aún más relevante para las sociedades modernas de lo que era para los antiguos.

Pero el Camino no parte de ningún origen concreto y carece de destino final.

Iniciar una peregrinación para someter a prueba a quién eres puede transformarse en una experiencia extenuante. Que te demanda toda tu vida.

En el regreso final a la Argentina, en Buenos Aires había sido imposible dar con un dojo que coincidiera con mis obligaciones y además me permitiera una reincorporación en la práctica luego de la experiencia en Mánchester. No tenía la intención de continuar con la misma escuela; ya mis sensei me habían aconsejado que practicara en el tatami que encontrara allí donde fuera. De modo que nada me decían las diferencias entre la miríada de asociaciones, círculos, federaciones, centros, uniones, fundaciones y otros en que se me presentaba el aikido.

Solo buscaba un tatami donde practicar.

Y en poco menos de dos meses la vida me llevó de regreso a San Carlos de Bariloche, desde donde había partido hacía doce años y adónde no tenía pensado regresar. Los motivos del regreso no eran para nada felices ni halagüeños, la salud de mi esposa empeoraba y en la búsqueda de soluciones recurrimos a amigos y conocidos que nos dieran una nueva orientación para mejorar sus calidad de vida. Ese era el motivo y la motivación para regresar a S.C. de Bariloche. Y allí continué mi peregrinación del tatami.

Reiniciar la vida en mi pueblo y retomar la práctica fue un ejercicio de someter a prueba a quién soy.

Pasaron muchas cosas de todo tipo. Enfermedad, accidente y nueva recuperación a la práctica. Practiqué en diferentes tatami y dojo, conocí nuevos sensei, comencé una nueva práctica en el Camino y además de aikidoka me inicié como iaidoka. Y continuando con la peregrinación ya no busco un tatami para practicar sino que sigo sometiendo a prueba a quién soy.

Porque no hay destino ni fin en este Camino.

Primera parte aqui: https://gabriellopardo.wordpress.com/2015/11/06/la-peregrinacion-del-tatami-i/

Cuando descubres tu pasión

Para aquellos que han descubierto que tienen una pasión por el Aikido y desean llevarlo al siguiente nivel,  hay una serie de factores clave que necesitan alinearse para lograr su objetivo; a saber: el compromiso, la consistencia, la actitud y la intensidad.

El compromiso
El compromiso no es sólo decir “Voy a ir a clase hoy”, que también incluya un compromiso con su dojo, el compromiso con su instructor, el compromiso con los estudiantes de alto nivel, el compromiso con los estudiantes más jóvenes, el compromiso con su comunidad aikidoka.
El compromiso incluye cosas tan simples como; pagar a tiempo, ayudar a los estudiantes junior con la técnica, teniendo ukemi para alguien ya sea la graduación o preparación para su práctica. La formación del dojo no es sólo para sí mismo, es para el conjunto de la comunidad. No se puede entrenar si no tiene un compañero.
Aikido no existe si sólo hay una persona. Aikido existe dentro de la comunidad practicante. Su compromiso no es sólo para sí mismo. Su formación no es sólo para sí. También es por el bien mayor. Es este compromiso con su  dojo para que lleve su aikido al siguiente nivel.

La consistencia
La consistencia. Si se practica sólo una vez al mes es que no se llegará muy lejos. Cuando
se está comenzando se debe esforzar para entrenar a un máximo de cuatro días a la semana. Si se puede. Las nuevas habilidades requieren tiempo para ser adoptadas y la única manera es la práctica constante. Este nivel de compromiso no es fácil, especialmente si se tiene una familia que cuidar, el trabajo es exigente y la vida social muy activa.
Pero si se quiere llevar su aikido al siguiente nivel se necesita comprometerse a practicar tres veces por semana como mínimo.

Actitud e intensidad
El enfoque sobre la actitud e intensidad es imprescindible. Una formación  sin el enfoque y sin la correcta mentalidad no va a conseguir los resultados que están después. Esta es una de las cosas que separa claramente la diferencia entre el dojo y un gimnasio. El dojo es para el desarrollo del carácter y el aikido es un arte marcial. No es sólo ejercicio y no sólo saltar. No es como el yoga o pilates. No es una clase de hobby, es un arte marcial para trascender. Se está aprendiendo técnicas que requieren enfoque y una actitud seria en su formación. ¿De qué otra manera podríamos alcanzar la armonía y unión con el otro en la energía universal?
Finalmente, es extremadamente importante también tener un alto nivel de intensidad en la práctica. En nuestra comunidad esto es aikido proporcionado por la práctica uno-a-uno, sesiones con el  Sensei, asistir a un campamento de primavera-verano-otoñoinvierno, seminarios, sesiones de estudio y la preparación de graduaciones. Para el núcleo duro de verdad está ahí el Camino, la visión de realizar la visita a Japón para pasar el período comprometido para practicar 24 x 7, la respiración y el aikido que viven durante todo el día, todos los días en el Dojo.
Así que muchas personas vienen al dojo, practican por un tiempo y luego se van. Por lo tanto, es muy difícil mantener el compromiso, la coherencia, el enfoque / actitud
y la intensidad de la práctica, pero no hay otra manera de llevalo al siguiente nivel.

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O Sensei

Una pregunta directa. ¿Por qué practicar?

Esta vez la pregunta es directa: ¿Por qué practicar?

Luego de unos días me respondí y pensé que podría compartir mis pensamientos.
Practico porque es aburrido, porque no sirve para nada y porque es difícil.

Jugar videojuegos, ver películas mientras se come basura o hacer zapping en el cable de TV podría ser más divertido, fácil y sin compromiso alguno.

Practico porque me obligo a pasar por encima de mi propio ego y observo mis pensamientos pasar. Identifico así la cantidad de chatarra que mi mente produce y dejo ir todo. Así miro de paso la cantidad de temores, restricciones y chatarra balbuceante que mi mente produce y dejo ir todo.

Así miro de lejos mis apegos, aversiones y todo lo que hago para sabotearme la vida cotidiana. Puedo ver mi humanidad completa y sin recortes.

Quizás no pueda practicar más Aikido, pero me queda el Iaido. Y que tampoco todo lo que quisiera. Quizás una vez a las perdidas… Y la pregunta sigue siendo válida.

 

 

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O Sensei

La Peregrinación del Tatami (I)

Maletas en movimiento
Fue un regreso largo, con cargas y lentitudes. Al final de un invierno polar que parecía no darse por vencido e insistía con más frío, hielo y nieve.
En Mánchester, apenas llegar al aeropuerto me informan que el vuelo de BMI ha sido cancelado, transfiriéndome a un vuelo de British Airways. Visto así no era gran cosa. El problema era que mi ticket era emitido por TAM con la primera etapa operada por BMI. Toda la ruta era Mánchester, Londres, Río de Janeiro y finalmente Buenos Aires. Todo eso con dos maletas de 32 kilos cada una. Pronto fue evidente que los de BA consideraban que tan sólo era un rutinario viaje entre Mánchester y Londres, por lo que no tenían ningún interés en llevar mi equipaje ni en preocuparse porque yo no perdiera mi conexión con el vuelo de TAM. El primer escollo fue el pago de exceso de equipaje…por 750 libras esterlinas. Tras una lucha dialéctica con los empleados de BA, logré que entendieran que mi caso era una excepción dado que había sido endosado por BMI a ese vuelo de BA. Fue una victoria, todo se resolvió con una multa por la segunda maleta: 50 libras esterlinas.
El avión era un típico A320 configurado en media-alta densidad, apenas había sitio entre las filas de asientos. No cabía un alfiler. Fue un milagro que encontrara un asiento para mí. Otro milagro fue que pudiera acomodarme con mi abrigo, mi laptop y mi maleta de cabina, no había sitio libre en los maleteros sobre los asientos. Así y todo disfruté lo que pude de mi refrigerio espartano y aterricé como era esperable con un atraso importante en Londres-Heathrow.
Heathrow es un aeropuerto gigantesco, cinco terminales y una de ellas es exclusiva para British Airways. La transferencia hasta la terminal desde donde despegaba TAM requirió un largo recorrido en bus y por interminables pasillos. Para mi sorpresa el avión de TAM estaba allí y pude embarcar. Me estaban esperando y a otros pocos más. Las miradas fulminantes de los pasajeros ya en sus asientos parecían decir “este atraso es por culpa de tipos informales e irresponsables como este”. Pero la responsabilidad y acaso la culpa sólo recaía en BMI. Por mi parte estaba agradecido por no tener que pasar una o varias noches en Londres esperando otro vuelo.
Más relajado me dispuse todo lo mejor que pude para volar el largo tramo transatlántico hasta Rio. Cené, escuché música clásica en mis auriculares y dormí, más bien me desmayé del agotamiento de un día tenso y largo. Amanecimos desayunando y pronto estábamos en Rio. Aquí me quedaba una espera de varias horas hasta el vuelo a Buenos Aires.
El aeropuerto de Rio, con el sugestivo nombre de Antonio Carlos Jobim y su relación a toda la música carioca, estaba a pleno de turistas, veraneantes y parejas de recién casados. Saliendo del invierno polar de las islas británicas había aterrizado en el verano austral en plena estación veraniega. El choque fue mayúsculo. No solamente era el clima o el jet-lag, era también mi propia carga de un año saturado de experiencias intensas. No me encontraba en sintonía ni con el verano ni con estado de ánimo de las personas que me rodeaban.
Había vivido experiencias muy movilizadoras así como pérdidas que me tocaron vivir en soledad. No estaba deprimido pero el sol del verano y la alegría brasileña no lograban importarme mucho.
Embarcando con destino a Buenos Aires-Ezeiza, veo que se trata del mismo aparato. El espacioso B777 que me había traído desde Londres ahora me llevaba a la Argentina. Mi nuevo asiento estaba detrás del que había ocupado en el tramo de vuelo anterior. Ya podía re-habitar mi capullo de viaje aéreo. La llegada a Ezeiza no tuvo mayor relevancia. Como era de esperase, las maletas no llegaron conmigo. Gentilmente el personal de tierra de TAM realizó todos los trámites para reclamar el equipaje; ya llegaría y lo enviarían directamente la dirección que les indicara. Me pidieron mil disculpas por las molestias y dos días después las maletas arribaron a mi domicilio sin novedad.
Después de haber ingresado en la Dimensión Aikido (link) una de mis prioridades y necesidades era dar con un dojo para retomar la práctica ya una vez reinstalado en mi nuevo hogar. Y aquí comenzó mi peregrinación.
Desde el momento de la mudanza de vida y trabajo de España a la Argentina, una larga etapa de transición implicó viajes cada seis meses entre una y otra orilla del Atlántico. Mi residencia a su vez se repartía entre Buenos Aires y un pequeño pueblo de la pampa sobre la costa atlántica. Buena parte del tiempo durante los primeros meses se diluyeron en viajes yendo y viniendo entre ambos sitios. La búsqueda del dojo quedó relegada a los pocos momentos libres que disponía entre viajes, obligaciones varias y trabajo. En el pueblo de la costa el dojo más cercano estaba a 50 kilómetros a cargo de un 1er. Dan que pero no había estabilidad en la práctica y el siguiente dojo estaba a casi 100 kilómetros. Y yo sin tiempo y con un vehículo prestado que debía regresar a Buenos Aires y la efectva ausencia de transporte público regular entre los pueblos perdidos en la pampa costera.
La otra mitad del tiempo estaba en Buenos Aires. Y no es Mánchester. Con tres millones de habitantes y un área metropolitana que suma casi quince millones de personas es una isla de hormigón y asfalto de kilómetros de extensión. Solo moverse en este laberinto era todo un reto que exige tiempo y energía. Cuando supe que en Buenos Aires ingresan cada día dos millones de vehículos, el equivalente al parque automotor de Bogotá. Todos los vehículos de Bogotá. Eso da una idea de lo que implica moverse en una metrópolis de este tamaño.
Desde mi sitio prestado en las afueras de Buenos Aires un viaje hasta el centro de la ciudad implica dos horas o a veces más. De modo que la búsqueda del dojo en Buenos Aires quedó reducida a las cercanías de donde transitoriamente me alojaba. Una serie de llamadas y correos electrónicos no culminaron en una visita o un encuentro con los responsables de los dojo. De los dos o tres más cercanos, alguno llegué a pasar por la puerta fuera de horario de práctica, pero ninguno coincidió con mis horarios o días en la ciudad gigante.

Peregrinando
No importaba la denominación, la escuela, el estilo o el linaje. Solo buscaba un dojo donde poder practicar aikido. Había asociaciones, escuelas, fundaciones, uniones, círculos, institutos, centros, y algo más. Realmente nada de eso me importaba. Podría practicar karate, judo o wu shu. Esas artes marciales estaban a disposición y tenía acceso directo a esas prácticas. Pero no estaba en búsqueda de un arte marcial, de cualquier arte marcial, quería continuar con la práctica de aikido. Mi sendero en el Camino estaba enfocado en el aikido y allí quería continuar. Tenía en mente la enseñanza de mis sensei de Mánchester; estés donde estés solo basta encontrar donde practicar, el resto es accesorio. Lo importante es estar abierto a la transmisión y al aprendizaje en la práctica. Por mi trabajo tendría largas temporadas de estadías en diferentes sitios y no habría muchas oportunidades de afiliarse a un dojo y mantener una continuidad en la práctica en un mismo sitio.
Las obligaciones y otras historias personales se sucedieron mes tras mes. Yendo y viniendo de la gran ciudad al pueblo en la pampa costera. Y ninguno de los potenciales sitios cercanos donde poder practicar había sido inalcanzable. Los dojos solo los conocí por sus puertas cerradas, en el mejor de los casos.
Mi peregrinación del tatami estaba en un no-lugar. La siguiente etapa de mi trabajo añadía la incertidumbre de adónde me obligaría a viajar. Allí donde me llevara habría de encontrar un dojo en el que pudiera practicar. Tocaba nuevamente regresar a Europa sin haber logrado reiniciar una práctica regular. Y el tiempo pasaba.

Kankyukyojaku – Lo lento, lo rápido, lo fuerte y lo débil.

Hace ya ocho meses del accidente y de la cirugía para el implante ortopédico del brazo. He mejorado mucho y recuperado movilidad, extensión y flexión del brazo. Los dolores son continuos. Es como una molestia permanente, de contracturas profundas y músculos adheridos trabados entre sí, mas por efecto de la manipulación quirúrgica necesaria para el implante que por el daño directo. He regresado a mi pacífico trabajo como docente, pero mi alta médica no ocurrirá hasta la evaluación final al cumplirse un año del accidente. Hasta entonces sigo bajo controles médicos y con terapia de rehabilitación.
Como consecuencia de todo esto, y pese a los deseos íntimos de proyectar una continuidad en la práctica, sé que el regreso a la práctica de Aikido está descartado. Tan solo me queda verlo desde fuera del tatami.
Pero una de las muchas cosas que me regaló el Aikido fue el ponerme en contacto con el Iaido. Fue pura casualidad, dicho de otro modo puro destino en el Camino.
Mitsunari Kanai sensei

Mitsunari Kanai sensei

De  los dos dojos de Aikido que existen en mi pueblo-ciudad, ambos son parte del Sansuikai International bajo la supervisión de Yamada sensei, pero solamente  uno incluye Iaido como parte del Kiyoikaze de Mitsunari Kanai sensei, hoy bajo la supervisión de Berthiaume sensei. Y es ésta la relación siempre tan cercana del Aikido y del Iaido que en mi caso me permitió entrar en contacto con este Camino.
Entre mis horarios laborales al regreso de mi licencia médica y mis limitaciones, tan sólo pude visitar el dojo de Iaido una única vez en estos meses. Pero sí pude participar del seminario que Corbal sensei (ASA) desarrolló el pasado mes de septiembre. No sabía qué me esperaba, qué sería capaz de hacer. Llevé adelante dos días de seminario, con sesiones de una hora y media de práctica. Estaba-estoy-muy oxidado, las contracturas, la inflamación de los músculos y el dolor no ayudan, los nervios desde el principio me hicieron pasar momentos tensos y cometer errores innecesarios incluso para un novato como yo mismo. El Iaido es, básicamente, el arte marcial japonés del envaine y desenvaine de la katana. Reunir “error” y “katana” en una sola acción puede ser peligroso. Pero salí airoso y sin daño. Abandoné mis errores groseros de reinicio principiante y pude enfocarme en la práctica, en la autocorrección, con el apoyo y la guía de Corbal sensei. Estoy agradecido.
Como parte de ese agradecimiento estas semanas luego del seminario las dediqué a reflexionar acerac de mi propia práctica. Ahora que toda mi atención y esfuerzo estará dirigido hacia el Iaido, necesito posicionarme cabalmente en lo que estoy haciendo. Y comprender.
Repasando mis anotaciones, leyendo y estudiando mientras recupero las enseñanzas del seminario y me propongo retomar la práctica del Iaido regularmente; un aspecto ha emergido por encima de todos los demás. Kankyukyojaku.
Kankyukyojaku  refiere a los extremos de las características de movimiento y postura. Kan (緩) lento – Kyu (急) rápido – Kyo(強) fuerte – Jaku (弱) débil. Duro/suave, rápido/lento, débil/fuerte, etc. Hace referencia a como la acción inicia lentamente y suavemente para acelerar y endurecerse hasta el punto de máxima velocidad/dureza al momento del corte. En igual sentido se refiere a presionar hacia delante y a sostener hacia atrás.Es en cierto sentido para mí, una síntesis totalizadora de la práctica de Iaido. Del mismo modo que Shohato – Primer desenvaine, es la síntesis de Muso Shinden Ryu – Shoden (Omori Ryu) y es este el sitio   donde siempre regreso para comprender qué estoy haciendo y hacia dónde me dirijo con mi práctica.
Lo lento, lo rápido, lo fuerte y lo débil.
Más allá de mis limitaciones tengo un sendero por recorrer en este Camino. Se abre ante mis pasos un nuevo tipo de aprendizaje y la opción de profundizar la matriz  del Arte: Cortar el Ego. Cuando se desenvaina, se utiliza. No es un acto caprichoso, no se realiza sin razón. Nunca se desperdicia nada, solamente hablando sobre lo que se hace. Siempre se está atento a los movimientos de la katana. Porque no se puede olvidar que la katana también está atenta a los movimeintos que se realizan.  Y no fue forjada para ser usada por la boca.
Uno confía en los otros porque en primer lugar confía en sí mismo.

El 111, Oxfam y Suenaka o Cómo pasé a la Dimensión Aikido

111

A principios de otoño aterricé en Manchester para una estadía corta de seis meses en la Universidad.
Una vez instalado en la habitación alquilada a una familia en Fallowfield, mi rutina laboral diaria comenzaba con una caminata hasta la parada del bus 111.  El 111 me dejaba en la puerta del edificio donde tenía un escritorio en una amplia oficina, compartida con otros tres investigadores y estudiantes de posgrado que casi nunca estaban ahí. Para mi mayor comodidad.
Una característica de la vida universitaria inglesa es que se cumplen horarios de oficina. Llegaba por las mañanas, hacía mi trabajo y a las seis de la tarde (porque nos quedábamos a completar tareas que nos importaban dentro del proyecto) éramos de los últimos en abandonar el edificio. Antes que pasara el personal de seguridad arreando a los retrasados hasta la calle. Así que una buena cantidad de horas, ya nocturnas como avanzaba el otoño, me quedaban libres y sin la imperiosa necesidad de regresar a mi hogar provisorio.

El 111

El 111

¿Qué hacer? Lo interesante de las universidades inglesas es que cuentan con clubes, sociedades y grupos con los más diversos intereses. Y en Manchester existen de Aikido, de Cultura Japonesa…fue inevitable caer en la Dimensión Aikido.
Pero comencemos un poco antes. En el período previo de aclimatación. En verdad llegué a Manchester a fines de verano, durante los primeros días de septiembre, que para cualquiera que no sea nativo del norte de Inglaterra ya es otoño. Y esto considerando que mi hogar es la Patagonia. En esos primeros días de aclimatación, luego de dejar la veraniega Barcelona, necesitaba distensión y una buena práctica de elongación. Así que para cuando llegó a mis manos la información sobre Aikido y la Fiesta de la Cultura Japonesa ya estaba en mis clases de yoga que se superponían con los horarios de Aikido.

Oxfam y Suenaka

No siempre esperaba para subir al 111. Muchos días, incluso bajo la lluvia norteña, caminaba desde mi casa hasta el campus. Manchester es una gran ciudad universitaria y el eje sur-norte que traza Oxford Road es la arteria principal de este mundo y por donde pasan las diferentes rutas de buses, incluido el 111. Durante esas caminatas, apenas sobrepasado el Whitworth Park y doblando para ingresar a Oxford Road, a pocos metros más allá de la Whitworth Art Gallery, entre oficinas y bancos me topé con la sucursal de Oxfam. Una de las principales atracciones de esta ONG es la venta de cosas usadas provenientes de donaciones, incluido ropa, vajilla y libros entre muchas otras cosas. Fue en este Oxfam que encontré un libro que cambiaría todo. Aquel libro fue Complete Aikido de Roy Y. Suenaka Hachidan 8ºDan, fundador de Wadokai Aikido, alumno de O Sensei Morihei Ueshiba de quien recibió menkyo kaiaden (certificado de docencia y maestría) estudió en el Aikikai Hombu por ocho años y uno de los grandes desconocidos de la historia del Aikido.
Aquel día, uno de los primeros apenas instalado, me llevé el libro (impecable, nunca abierto, vendido en segunda mano por monedas) y lo empecé a leer. Esa misma noche. No lo pude dejar, amanecí con él en las manos. Todo un mundo de recuerdos, mi niñez y sueños siempre guardados como buenos y viejos vinos salieron a flote. Ya había y aquí estaba otra vez, pero esa es otra historia.
Nada o poca cosa conectaba la historia de Suenaka y su Aikido con el dojo de Manchester, pero funcionó como un iniciador, todo se desencadenó.
Tenía que practicar Aikido. ¿Qué otra cosa podía hacer?
Al comenzar en septiembre el nuevo año académico retomaba también la actividad de Aikido. En cuanto completé mis clases de yoga me lancé a la práctica de Aikido.

La Dimensión Aikido

La primera vez (siempre hay una primera vez) que pisé el tatami encontré mi conexión. Mi elemento. Lo vi, lo viví. Salí de mi oficina y fui directo al centro deportivo de la Universidad a pocas calles. Me senté en el tatami con mi ropa de diario, en seiza ¡con vaqueros! Esa noche regresé a mi casa en Fallowfield y subí la empinada escalera hasta mi habitación. Sentía el esfuerzo de los músculos y la intensidad del movimiento de una práctica de casi dos horas. Dormí feliz. A la mañana siguiente cuando bajé para desayunar descubrí que me dolían músculos que desconocía que tuviera mi cuerpo. Bajar esa escalera fue penoso, por decirlo con optimismo. Di gracias por haber completado mis rutinas de elongación en las clases de yoga, de otro modo hubiera terminado en emergencias del hospital universitario. No podía dejarlo ahora que lo había encontrado. No solo asistí a las clases en el centro deportivo, mayoritariamente con estudiantes de la Universidad, además me sumé a la pequeña cofradía que asistía a las prácticas en el dojo del centro de la ciudad.
Decididamente había cruzado al Otro Lado, ya estaba en la Dimensión Aikido. Y nada sería igual desde entonces.

El dojo

El dojo

Y, en medio de todo el fervor, la pasión y el enamoramiento de descubrir tu conexión, emergen otras cosas. “¿Qué estoy haciendo aquí?” preguntaba una parte de mi mente ya desquiciada al percibir que durante las proyecciones pasaba de ver de frente a los ojos a mi nage (mi sensei 4º Dan entonces) a ver en veloz y sucesiva transición la pared derecha, el cielorraso, la pared a mi izquierda, el tatami acercándose a toda velocidad (en verdad yo cayendo a toda velocidad) y por último de nuevo el cielorraso. ¡Blam! Increíble, todo lo que podía expresar era puro gozo. Me estaba divirtiendo. Mi otro sensei (ella también 4ºDan para esa época) había bautizado mi experiencia como “cheerful aikido”. Y de eso se trataba, mostraba lo que sentía (y siento hoy) al practicar: felicidad, buenos sentimientos y sensaciones. Me estaba divirtiendo. Había regresado a mi niñez. Por eso mi pobre mente discriminante me decía “Pero si ya estoy grandecito para esto…” Por suerte,  por más que escuche que parlotea por ahí al fondo, no le otorgo demasiada atención .
Entre mis sueños, los dolores y la rutina de cada día llevé la práctica adelante en uno de los peores inviernos de Inglaterra. Nieve en Navidad y antes de Navidad y para enero y para cuando me fui había habido semanas con frío polar y siberiano. Y eso lo recuerdo bien porque antes de la práctica se apagaba la calefacción del dojo…pisar el tatami era doloroso. Hasta que empezaba el keiko. Terminábamos dos horas después con los cristales de las ventanas chorreando agua y escarcha mientras veíamos acumularse la nieve en la calle. Y nosotros empapados en sudor, agotados y felices.
De aquellas primeras experiencias, las enseñanzas me acompañan toda la vida; los sonidos al deslizarnos sobre el tatami, las voces de mis Sensei. “Gently, Gabriel, gently” la voz de sensei, sin verlo, al captar que en mi entusiasmo estaba proyectando con demasiada energía a mi uke. La práctica de Navidad, la última del año y justo antes de las vacaciones de invierno, cuando todos los estudiantes se van a casa; me encontré en el tatami con mis Sensei, casi todos los Dan y uno o dos graduados. Distendidos y liberados de la tarea de instrucción, los Danes se fueron turnando para elegir practicar conmigo y divertirnos. Fue una experiencia fabulosa. Al terminar, dos horas y media después, mis piernas apenas me sostenían. Pero nada más me importaba, todo podía terminar ahí mismo en ese instante. Estaba feliz.
Había cruzado y ya habitaba una realidad aparte. Había alcanzado a ponerme en contacto con el elemento. La Dimensión Aikido. Y nunca me abandonaría desde entonces, pese a todo, pese a estar hoy imposibilitado; pese al trauma de mi accidente continúo en mi conexión. Está ahí, es algo vivo, enérgico y sutil. Aunque ya no pueda practicar, está en mí, es mi “cheerful aikido”. Me sigo divirtiendo y lo disfruto. Gracias.