La contradicción y la incoherencia en el Aikido

Contradicción e Incoherencia

Nihon aikidō shakai Mugen

Aikido_José_Santos_Nalda_AlbiacPor: José
Santos Nalda C.N. 4º Dan de Aikido.

Revista El
Budoka No 5

Tal como conocemos y practicamos el Aikido, en mi modesta opinión se aprecian dos contradicciones notorias:

1.-Incoherencia en el mensaje de “Armonía” personal e interpersonal.

2.-Incoherencia en el mensaje de “paz, de protección y de amor” y el modo de aplicar las técnicas, en forma destructiva.

INCOHERENCIA SOBRE LA ARMONÍA EN LAS RELACIONES

¿Cuántos aikidokas profesores y alumnos poseen y viven la armonía coherente, entre el mensaje de Ueshiba del que tanto les gusta hablar, y lo que realmente hacen y dicen en el Dojo o fuera de él?

¿Cuántos aikidokas entienden de verdad el significado de “armonía”?

Una mirada objetiva sobre las actividades y comportamientos de los aikidokas a nivel local, nacional, europeo etc., nos muestra la ausencia de entendimiento y armonía, manifestada en alguna de estas formas:

-Motivaciones y objetivos puramente egoístas más o…

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Un puente sobre aguas turbulentas

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Aguas turbulentas

Un reconocido Sensei regresaba de visitar varios dojo y de una larga peregrinación. Al cruzar el puente sobre un río de aguas turbulentas tres jóvenes practicantes lo reconocieron de inmediato y se acercaron a él. Uno de ellos se lanzó sin preliminares a preguntar al Sensei:

-¿Qué tan profundo es el río del Budô?

Como única respuesta el Sensei lo tomó de las solapas de su chaqueta y se aprestó a lanzarlo por encima de la barandilla  al río turbulento que corría bajo sus pies.

Sus compañeros reaccionaron rápidamente y, tras excusarse con el maestro, solicitaron que éste desistiera de entregarle una lección instantánea a su atrevido compañero. Y todo quedó en apenas un gesto al borde del vacío. Sin más saludaron con cortesía al Sensei, volvieron a pedirle disculpas por las molestias, se despidieron de él y cada uno continuó su camino.

Años más tarde, el joven y atropellado practicante llegó hasta el dojo del Sensei y solicitó el permiso para ingresar y así poder practicar bajo su dirección. El Sensei lo reconoció de inmediato com el protagonista del incidente en el puente sobre el río de aguas turbulentas. Y lo aceptó en ese instante.

Y así, muchos años más tarde, éste mismo se convertiría en un reconocido Sensei a su vez.

De la anécdota se desprende que conviene estar preparado para recibir la respuesta antes de realizar la pregunta. El método directo de transmisión puede implicar una experiencia directa y ruda con la realidad. El joven practicante se inspiró en la imagen del río para realizar su pregunta como una metáfora acerca de la complejidad y transcendencia del Camino. El Sensei, al lanzarlo al río, lo enviaba a sondear por sí mismo la realidad. Una experiencia directa. El Dô no es broma, ni mero juego de ideas; es algo muy serio en que se juega la vida y así existe la posibilidad de la iluminación, el satori.

(Historia adaptada a partir de una anécdota atribuida al Maestro Zen Rinzai 臨|済|宗, Japón. Ensayo sobre Budismo Zen, vol.1 D.T. Suzuki).

Un Guerrero nunca desespera

No importa cuán extremas sean las circunstancias en el exterior, el Guerrero encuentra refugio en sí mismo y permanece calmo. El cuerpo en guardia, los ojos penetrantes, el espíritu dispuesto. En la quietud puede entonces tomar distancia de las situaciones y examinarlas con cuidado. Donde muchos se detienen ante un portal inamovible, el Guerrero sabe ver la brecha por donde se cuela un rayo de sol. Lo que para unos es una catástrofe interminable, para el Guerrero es un contratiempo de dimensiones definidas. Lo que para algunos es una pérdida, para el Guerrero es un alivio.

Por ello el Guerrero permanece siempre entero. Luego de ver la apertura en la guardia de su oponente, entra como un destello de luz y vence sin combatir.

Y aun en la alegría y en la confianza permanece centrado.

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Un Guerrero nunca desespera

Lucas Estrella Schultz – Estampa de Guerrero

Blanco y Negro

En una charla con María, amiga catalana y artista, comenzamos a conectar los significados de los colores con las sensaciones que transmiten; de los cuadros pasando por las sedas pintadas hasta la indumentaria. Lo que nos llevó a compartir nuestras sensaciones de la experiencia con el movimiento del cuerpo. María con su práctica de Tai Chi Chuan y Chi Kung, yo con Iaido y Aikido.

Los accidentes históricos en el desarrollo del Aikido llevaron a abandonar el hakama, esa pieza de pantalones amplios, para los practicantes mudansha (無段者) quienes no alcanzaron el grado de dan (cinturón negro). Diferente resulta en Iaido donde sí se utiliza hakama desde el inicio, se tenga o no el grado de dan. Aunque quedan algunas escuelas de Aikido que sí utilizan hakama para los principiantes, son una minoría.

Y aquí comenzó a revelarse el significado de los colores.

Para ambos la vestimenta es blanco en el torso, el abdomen y los brazos; negro de la cintura para abajo cubriendo la cadera y las piernas. Para María su práctica, en especial Chi Kung, siempre es con chaqueta blanca y pantalones negros. Y coincidíamos en que era muy diferente la experiencia de practicar vestido en esta combinación de colores o totalmente de blanco, como ocurren con la práctica mudansha en Aikido.

El blanco, me explicaba, irradia, es transparente y se muestra tal como es. No oculta nada y se expande.

El negro condensa y concentra lo que recibe, aquello con lo que se pone en contacto. Es poder. No muestra y en vez oculta.

El blanco es calmo, pacífico y neutral. El color del luto en Oriente.

El negro es cortante, representa la autoridad y el poder y es el luto en Occidente.

La cadera y las piernas con los pies bien plantados sobre el suelo o el tatami, conecta con  el suelo y a la Tierra.

Uno concentra la conexión de  las raíces, a la Tierra; el otro irradia, expande proyectando la conexión densa y concentrada de la Tierra, el Ki (Chi) del Universo.

Blanco y Negro.

Y la sola experiencia de practicar con indumentaria de uno u otro color modifica las sensaciones de esa misma práctica.

Blanco y Negro.

A veces, María practica vestida en un todo de blanco, otras de negro. Y son tres prácticas bien diferentes. Sensaciones y conexiones distintas.

Un accidente histórico llevó a que los principiantes en Aikido ya no vistan hakama negro. Y la práctica cambió para siempre.

Por algo será.

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Blanco y Negro

Un Guerrero nunca desespera

No importa cuán extremas sean las circunstancias en lo exterior, el Guerrero encuentra refugio en sí mismo y permanece calmo.  El cuerpo en guardia, los ojos penetrantes, el espíritu dispuesto. En la quietud puede entonces tomar distancia de las situaciones y examinarlas con cuidado. Donde muchos se detienen ante un portal inamovible, el Guerrero sabe ver la brecha por donde se cuela un rayo de sol. Lo que para algunos es una catástrofe interminable, para el Guerrero es un contratiempo de dimensiones definidas. Lo que para algunos es una pérdida, para el Guerrero es un alivio.

Por ello el Guerrero permanece siempre entero. Luego de ver la apertura en la guardia de su oponente, entra como un destello de luz y vence sin combatir.

Y aun en la alegría y en la confianza permanece centrado.

Lucas Estrella Shultz – Estampa de Guerrero, Grijalbo.

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Una brecha de luz

Autoentrenamiento para la perfección

Las prácticas y técnicas se consideran como autoentrenamiento para la pefección, el medio a través del cual un hombre puede conseguir aquella “maestría” gracias a la cual no existe la más mínima discordia entre el hombre y sus actos. Es un entrenamiento para conseguir eficiencia y confianza en uno mismo. Sus recompensas se cosechan aquí y ahora, porque permite a un hombre enfrentarse a cualquier  situación empleando el esfuerzo justo, sin pasarse ni quedarse corto, y le da un control de su mente, que de otro modo vacilaría, para que ningún peligro externo ni ninguna pasión interna lo desvíen de su meta.

El crisantemo y la espada – Ruth Benedict

el filo del guerrero

La espada

Duelo en Reykjavik

Apenas habían pasado unos meses desde el regreso. En parte la motivación era el estar presente para seguir de cerca su evolución general. Sabía de antemano que a los pocos meses de ese regreso debería volver a partir y la ausencia se prolongaría al menos medio año más.

Nos despedimos con tranquilidad.

Otoño en Mánchester. El regreso a Europa se constituyó en una estadía de trabajo por más de seis meses. Esa larga estancia fue lo que permitió que conectara con el dojo y realizara el primer paso para dar inicio en el Camino del aikido.

Fueron tres meses intensos de práctica con el deslumbramiento y el fervor que nunca me abandonaría. Ahora sé lo que es que te dé el “síndrome del tatami” y te acompañe toda la vida. Más allá del cansancio, los dolores, los esfuerzos e incluso de los infortunios de accidentes y pérdidas; la práctica es una conexión personal e íntima con tu experiencia vital que te acompaña permanentemente.

Durante ese proceso de descubrimiento del placer de la práctica surgió el viaje a Islandia. Y en esos mismos días finalmente todo terminó. A la distancia de miles de kilómetros no sería diferencia ir o no ir, estar o no estar. Ya para entonces habíamos realizado la despedida en calma.

Días soleados de otoño sub-ártico, tímidas luces de auroras boreales y la posibilidad de pasar las horas en compañía de los recuerdos y su presencia junto a mi lado.

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Reykjavik

Pese a seguir la rutina establecida para esos días en Reykjavik todo tenía un aura de irrealidad; las calles semivacías, el frío, la nevisca, las curiosas costumbres islandesas como dejar a los niños a la intemperie en sus cochecitos y capazos o las velas en los dinteles y umbrales para iluminar las largas noches nórdicas. Y todo ello ahondaba mi introspección.

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Bebé islandés a la intemperie. Ph: Jennifer Yang/Toronto Star

Sobre el paseo de la bahía de Faxa o Faxaflói, una escultura enorme recuerda una nave vikinga con el aspecto fantasmagórico de algo que es capaz de atravesar espacios.

En una esquina de una calle que baja hacia el mar una librería de libros usados que es un laberinto de pilas y pilas de papel escrito en casi todos los idiomas. Libros en castellano sobre tango, fútbol, gauchos y Buenos Aires. Una realidad aparte en tierras vikingas.

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Escultura en la bahía de Reykjavik

Un momento relajado. Estar inmerso en una piscina geotermal bajo la suave nevisca mientras se afloja, algo, la ristra de nudos y contracturas del cuerpo. Una cerveza helada por el aire polar, nieve en la cabeza y el cuerpo sumergido en agua a 40C.

La tristeza duró días, semanas y luego meses hasta sumar años, al menos un par largos.

El regreso a la rutina del trabajo en Mánchester ayudó a sobrellevarlo, pero más que nada el regreso al tatami y la práctica.

Ahora, en otro otoño, en este caso austral, repaso con los dedos las mangas de lana islandesa y recuerdo momentos de ese puñado de días, del frío, del desprendimiento y la aceptación que la oportunidad de aquellos meses anteriores a la experiencia islandesa, cuando fue la última vez que nos reunimos todos, ya no volvería a repetirse. Ya nunca volveríamos a encontrarnos por aquí.

Así fueron los días de duelo en Islandia.

La Peregrinación del Tatami (II)

Las peregrinaciones han sido una parte esencial de la búsqueda espiritual desde tiempos inmemoriales. Pero ¿por qué la gente va en peregrinación, soportando dificultades y molestias? Si analizas el significado y el propósito detrás de hacer un viaje a un espacio sagrado; entonces encontrarás la razón para peregrinar.
¿Cuál es la diferencia entre el recorrido, un viaje y una peregrinación? La gente se mueve de un lugar a otro para una variedad de razones. Hay exploradores que siempre están en busca de tierras vírgenes que quieren poner su huella en. Quieren demostrar algo. Hay viajeros que tienen curiosidad de ver todo, por lo que viajan. Hay turistas que simplemente van a relajarse. Hay otros tipos de turistas que simplemente van a escapar de su trabajo o la familia. Pero un peregrino no va para cualquiera de estos propósitos. Una peregrinación no es una conquista, es una rendición. Es una manera de llegar a ti mismo en el Camino. Si no, es una manera de acabar agotado. Un proceso de destruir todo lo que es limitado y compulsivo; llegar a un estado sin límites de la conciencia.
Someter a prueba a quién eres.

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Shoshin – La Mente de Principiante

La idea detrás de una peregrinación es fundamental para someter el sentido de lo que eres. Es llegar a ser nada en el proceso de simplemente caminar y trepar y sujetarse a diversos procesos arduos de la naturaleza. En la antigüedad, para llegar a esos lugares, una persona tuvo que pasar por una cierta cantidad de malenestar físico, mental, y todo tipo de dificultades, por lo que se convierte en menos de que se piensa que es ahora. Hoy las cosas se han hecho mucho más cómodas. Estamos volando por arriba de todo, reduciendo las molestias y dificultades. Casi nadie peregrina para someterse a prueba y quienes lo hacen sólo caminando un poco del Camino.

Físicamente, somos seres humanos mucho más débiles que lo que solía ser hace miles de años,  porque en algún lugar y momento perdimos habilidades y ya no sabemos cómo hacer uso de los servicios y las facilidades de la vida en el Camino para nuestro bienestar. Los hemos utilizado para hacernos más cómodos, débiles, renunciando a proseguir a la más mínima de las dificultades para con nosotros mismos y con el entorno en el que existimos. Así que la idea fundamental de la peregrinación se hace aún más relevante para las sociedades modernas de lo que era para los antiguos.

Pero el Camino no parte de ningún origen concreto y carece de destino final.

Iniciar una peregrinación para someter a prueba a quién eres puede transformarse en una experiencia extenuante. Que te demanda toda tu vida.

En el regreso final a la Argentina, en Buenos Aires había sido imposible dar con un dojo que coincidiera con mis obligaciones y además me permitiera una reincorporación en la práctica luego de la experiencia en Mánchester. No tenía la intención de continuar con la misma escuela; ya mis sensei me habían aconsejado que practicara en el tatami que encontrara allí donde fuera. De modo que nada me decían las diferencias entre la miríada de asociaciones, círculos, federaciones, centros, uniones, fundaciones y otros en que se me presentaba el aikido.

Solo buscaba un tatami donde practicar.

Y en poco menos de dos meses la vida me llevó de regreso a San Carlos de Bariloche, desde donde había partido hacía doce años y adónde no tenía pensado regresar. Los motivos del regreso no eran para nada felices ni halagüeños, la salud de mi esposa empeoraba y en la búsqueda de soluciones recurrimos a amigos y conocidos que nos dieran una nueva orientación para mejorar sus calidad de vida. Ese era el motivo y la motivación para regresar a S.C. de Bariloche. Y allí continué mi peregrinación del tatami.

Reiniciar la vida en mi pueblo y retomar la práctica fue un ejercicio de someter a prueba a quién soy.

Pasaron muchas cosas de todo tipo. Enfermedad, accidente y nueva recuperación a la práctica. Practiqué en diferentes tatami y dojo, conocí nuevos sensei, comencé una nueva práctica en el Camino y además de aikidoka me inicié como iaidoka. Y continuando con la peregrinación ya no busco un tatami para practicar sino que sigo sometiendo a prueba a quién soy.

Porque no hay destino ni fin en este Camino.

Primera parte aqui: https://gabriellopardo.wordpress.com/2015/11/06/la-peregrinacion-del-tatami-i/