La Peregrinación del Tatami (II)

Las peregrinaciones han sido una parte esencial de la búsqueda espiritual desde tiempos inmemoriales. Pero ¿por qué la gente va en peregrinación, soportando dificultades y molestias? Si analizas el significado y el propósito detrás de hacer un viaje a un espacio sagrado; entonces encontrarás la razón para peregrinar.
¿Cuál es la diferencia entre el recorrido, un viaje y una peregrinación? La gente se mueve de un lugar a otro para una variedad de razones. Hay exploradores que siempre están en busca de tierras vírgenes que quieren poner su huella en. Quieren demostrar algo. Hay viajeros que tienen curiosidad de ver todo, por lo que viajan. Hay turistas que simplemente van a relajarse. Hay otros tipos de turistas que simplemente van a escapar de su trabajo o la familia. Pero un peregrino no va para cualquiera de estos propósitos. Una peregrinación no es una conquista, es una rendición. Es una manera de llegar a ti mismo en el Camino. Si no, es una manera de acabar agotado. Un proceso de destruir todo lo que es limitado y compulsivo; llegar a un estado sin límites de la conciencia.
Someter a prueba a quién eres.

Shoshin 初心

Shoshin – La Mente de Principiante

La idea detrás de una peregrinación es fundamental para someter el sentido de lo que eres. Es llegar a ser nada en el proceso de simplemente caminar y trepar y sujetarse a diversos procesos arduos de la naturaleza. En la antigüedad, para llegar a esos lugares, una persona tuvo que pasar por una cierta cantidad de malenestar físico, mental, y todo tipo de dificultades, por lo que se convierte en menos de que se piensa que es ahora. Hoy las cosas se han hecho mucho más cómodas. Estamos volando por arriba de todo, reduciendo las molestias y dificultades. Casi nadie peregrina para someterse a prueba y quienes lo hacen sólo caminando un poco del Camino.

Físicamente, somos seres humanos mucho más débiles que lo que solía ser hace miles de años,  porque en algún lugar y momento perdimos habilidades y ya no sabemos cómo hacer uso de los servicios y las facilidades de la vida en el Camino para nuestro bienestar. Los hemos utilizado para hacernos más cómodos, débiles, renunciando a proseguir a la más mínima de las dificultades para con nosotros mismos y con el entorno en el que existimos. Así que la idea fundamental de la peregrinación se hace aún más relevante para las sociedades modernas de lo que era para los antiguos.

Pero el Camino no parte de ningún origen concreto y carece de destino final.

Iniciar una peregrinación para someter a prueba a quién eres puede transformarse en una experiencia extenuante. Que te demanda toda tu vida.

En el regreso final a la Argentina, en Buenos Aires había sido imposible dar con un dojo que coincidiera con mis obligaciones y además me permitiera una reincorporación en la práctica luego de la experiencia en Mánchester. No tenía la intención de continuar con la misma escuela; ya mis sensei me habían aconsejado que practicara en el tatami que encontrara allí donde fuera. De modo que nada me decían las diferencias entre la miríada de asociaciones, círculos, federaciones, centros, uniones, fundaciones y otros en que se me presentaba el aikido.

Solo buscaba un tatami donde practicar.

Y en poco menos de dos meses la vida me llevó de regreso a San Carlos de Bariloche, desde donde había partido hacía doce años y adónde no tenía pensado regresar. Los motivos del regreso no eran para nada felices ni halagüeños, la salud de mi esposa empeoraba y en la búsqueda de soluciones recurrimos a amigos y conocidos que nos dieran una nueva orientación para mejorar sus calidad de vida. Ese era el motivo y la motivación para regresar a S.C. de Bariloche. Y allí continué mi peregrinación del tatami.

Reiniciar la vida en mi pueblo y retomar la práctica fue un ejercicio de someter a prueba a quién soy.

Pasaron muchas cosas de todo tipo. Enfermedad, accidente y nueva recuperación a la práctica. Practiqué en diferentes tatami y dojo, conocí nuevos sensei, comencé una nueva práctica en el Camino y además de aikidoka me inicié como iaidoka. Y continuando con la peregrinación ya no busco un tatami para practicar sino que sigo sometiendo a prueba a quién soy.

Porque no hay destino ni fin en este Camino.

Primera parte aqui: https://gabriellopardo.wordpress.com/2015/11/06/la-peregrinacion-del-tatami-i/

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Ghost Dog -El Camino del Samurai

https://pequeniosuniversos.wordpress.com/cine/ghost-dog-el-camino-del-samurai-1999/

Nombre original: Ghost Dog: The Way of the Samurai
Castellano: El camino del samurái
Dirección: Jim Jarmusch
Guión: Jim Jarmusch
Protagonistas: Forest Whitaker, Henry Silva, John Tormey

 

 

Reseña cinematográfica por Juan Pablo Mazzini

Posicionándose en la década del ‘90, el director Jim Jarmush propone una historia, urbana y occidental, en la que se materializan y reconocen los valores propios del Japón medieval.
Ghost Dog (Forrest Whitaker) es un infalible asesino a sueldo que se guía por los principios del Bushido, el código samurái.
Como consecuencia de una deuda de vida, Ghost Dog es incondicionalmente leal a un gangster, Louie (John Tormey), quien periódicamente le encarga trabajos.
En uno de esos trabajos, la familia mafiosa a la que Louie responde comete un error y, para subsanar el mismo, considera que lo mejor es eliminar a Ghost Dog.
Ante esta situación, el joven asesino se preparará para contraatacar, lo que pondrá a ambos personajes contra la pared, ya que literalmente sus vidas dependen de la sujeción o no sujeción a sus respectivos códigos.

“Finalmente él y yo somos de dos tribus antiguas y diferentes.
Ahora ambas están casi extintas.”
Ghost Dog

A su manera, Ghost Dog y Louie son hombres de honor, pero en dos contextos en los que el honor es entendido de forma diferente.
Louie, para conservar su honor y su vida, debe eliminar a Ghost Dog porque es lo que sus superiores le han ordenado. Sin embargo, esto le genera un dilema moral, ya que siente aprecio personal por él y es consciente de que la causa de ese homicidio constituye una disfunción de su propia familia.
A su vez, Ghost Dog le debe su vida a Louie, por lo que lo considera su amo. Por ese motivo jamás contemplaría la posibilidad de matarlo. Pero esa premisa no cuenta para los compañeros de Louie, por lo que no dudará un segundo en ir por ellos.

En una primera mirada, ambos códigos, el Bushido y el de la Mafia, parecen similares e incluso compatibles: los dos hacen hincapié en el respeto incondicional a un jefe, ya sea el señor feudal o el jefe de la familia. En los dos, la obediencia es un elemento de vital importancia: ni un samurái ni un gangster tienen que guiarse por lo que quieren sino por lo que deben. Y en los dos códigos el honor y la lealtad son condiciones indispensables, so pena de muerte, para pertenecer al clan samurái o la familia en cuestión. No es casualidad que el código de la Yakuza –a saber, la mafia japonesa– se haya estructurado tomando como referencia directa al Bushido.
Pero existen también dos diferencias que son vitales y marcan una fuerte grieta entre ambos códigos. En primera medida, los samuráis no eran criminales. Pudieron haber incurrido eventualmente en abusos de poder o actos de suma crueldad, pero su proceder se ciñó siempre a las leyes existentes y su fin fue el servicio a un señor feudal que detentaba las mismas.
La Mafia es, por el contrario, una organización criminal y clandestina; sus reglas procuran regular y organizar una actividad delictiva bajo la vieja premisa del “honor entre ladrones”. Así, la Mafia resulta en sí misma una entidad concebida para perseguir fines espurios.
Por otro lado, mientras que los samuráis sostuvieron a rajatabla su código, procurando respetarlo y anteponiéndolo ante cualquier otra cosa, los mafiosos muchas veces tienen una actitud laxa hacia el suyo, rompiéndolo o reajustándolo cada vez que les resulta conveniente. Si algo ha enseñado la historia es que los más destacados gangsters no han sido los que se ciñeron a las reglas sino quienes han sabido saltárselas sin ser descubiertos, o detentarlas de acuerdo a sus necesidades particulares.

Para el samurái, lo fundamental es el respeto incondicional al código, mientras que para el mafioso, lo fundamental es hacer creer a los otros mafiosos que respeta el código, aunque efectivamente no lo haga.
Para un samurái el honor es un hecho, para un mafioso es sólo una apariencia y un recurso estratégico más.

Ghost Dog. El camino del Samurái es esencialmente un relato sobre honor y lealtad, en el cual dos hombres se ven obligados a confrontar por el hecho de responder a códigos diferentes. De esta forma, las mencionadas similitudes e irreconciliables diferencias entre el Bushido y el código de la Cosa Nostra irán configurando los distintos momentos de un relato firme y aplomado, que hace particular hincapié en los detalles y las sutilezas.
Valiéndose de recursos como los encuadres persistentes, los fundidos encadenados, los silencios expresivos, los sutiles movimientos de cámara, la música hip-hop, y la recurrente aparición de fragmentos del Hagakure, un tratado samurái que es la lectura de cabecera de Ghost Dog, Jarmush crea un ritmo y un clima que progresivamente meten al espectador en los particulares mundos de los personajes y la lógica de los mismos.
A esto es bueno agregar las impecables interpretaciones de todo el elenco, entre las que claramente destacan Whitaker, en la piel del honorable sicario, y Tormey, en la del mafioso atribulado.

Encuentro decisivo entre Ghost Dog y Louie. Dos hombres de honor.

Para todos aquellos interesados en las películas de samuráis y el cine de gangsters, no es exagerado decir que Ghost Dog. El camino del Samurái es una obra en la que, probablemente, sea posible encontrar lo mejor de ambos mundos.

 

Bibliografía consultada

Dickie, John. Cosa Nostra. Ed Debols!llo. 2006
Dickie, John. Historia de la Mafia. Ed. Debate. 2015
Nitobe, Inazo. Bushido. El camino del Guerrero. Ed. Ladosur. 2015
Shigesuke, Taira. Bushido. El Camino del Guerrero. Ed. Claridad. 2012 (1)
Tsunetomo, Yamamoto. Hagakure. A la Sombra de las Hojas. Ed. Claridad. 2012

(1) El título original de esta obra es Bushido Shoshinshu, que significa “Bushido para principiantes”, aunque la edición en español ha sido editada con un título homónimo al del libro de Nitobe.