El viento sobre el lago

Nahuel huapi en invierno https://tierrapatagonia.wordpress.com/2010/08/05/invierno-en-nahuel-haupi/

El viento sopla sobre el lago y ondea su superficie. Los efectos visibles de lo invisible se manifiestan por sí mismos. Indica un corazón libre de prejuicios y abierto a la verdad. Estas son las palabras del I Ching en su Hexagrama Nº 61 “Chung-Fu” – “El Viento Sobre el Lago”.

Pasados estos meses de rehabilitación de la funcionalidad y la movilidad, las largas horas observando este gran lago andino bajo mi ventana, casi siempre barrido por el viento patagónico, siento los efectos visibles e invisibles que se manifiestan por sí mismos.

Hay en este transcurso de las horas y los días algunos puntos fundamentales y básicos, que llevan a una vida parecida a los monjes Zen sin necesidad de tener que convertirse en uno de ellos. Tus hábitos, tus movimientos, la necesidad de compensar lo que ya no puedes hacer como antes; el esfuerzo calculado y medido; el alcance meditado de tus acciones; tu vida en permanente balance.

Por lo que haces todo de modo distinto, diferente y con otro sentido.  Todo se ha re-significado. Todo te habla de un modo nuevo. O no, pero al menos ahora captas el sentido y se torna inteligible.

Y haces, y haces y haces; como si fuera la última oportunidad de hacer algo en la vida. Y lo es, esta oportunidad es la única, todo lo que eres es ahora. Entonces haces:
Una cosa a la vez. Es parte de la vida de un monje Zen, una tarea, nada de multitareas. Un proverbio Zen dice “cuando camines, camina. Cuando comas, come”.
Haciéndolo pausadamente y con propósito. Aunque hagas una sola cosa, pueden realizarse aleatoriamente y con precipitación. Por el contrario tus acciones deberán ser razonadas y realizadas con pausa, así ganas en concentración.
Haciéndolo de forma plena. Centras tu mente en la tarea y la complas antes de pasar a la siguiente. Si algo queda inacabado, apartas la tarea completamente no dejando ningún resquicio. Si preparas un sandwich, no lo comas hasta que hayas ordenado y limpiado todo lo que utilizaste para prepararlo.
Haciendo menos. Un monje Zen no tiene una vida perezosa. Se levanta pronto y trabaja durante todo el día, pero no genera una lista de tareas sin acabar. Sean cuales sean las tareas que realices serán esas y ninguna más. Menos tareas significa poner tu atención en ellas y las realizarás plenamente, Muchas tareas programadas hará que saltemos de una a otra rápidamente sin pensar y sin concentrarnos en ellas.
Espaciando las tareas. Disponer de tiempo entre tareas te ayuda a concentrarte en ellas y te facilita completarlas. Una programación relajada ayuda a finalizar tareas que se alarguen disponiendo del tiempo que necesario para finalizarlas.
Desarrollando rituales. Los monjes Zen tienes sus propios rituales para las tareas que realizan, desde comer a limpiar o meditar. Eso les ayuda a darles la máxima atención y a que sean realizadas, con pausa, correctamente. No hay porque seguir ningún ritual, creas tus propios rituales para cada tarea que realizas, preparar comida, limpiar, despertarse o acostarse o hasta como preparase para la práctica.
Asignando tiempo para ciertas tareas. Hay tareas diarias que requieren un horario específico. Determina el tiempo para el aseo, para trabajar, para limpiar o para comer. Esto asegura que las tareas sean realizadas regularmente. Si algo tiene la importancia suficiente para ser realizado con regularidad, se asigna el tiempo necesario.
Dedicando tiempo a sentarte. Una parte fundamental de la vida del monje Zen es la meditación sentado (zazen). Esto requiere designar un tiempo simplemente para sentarse. La meditación es práctica, ayuda a encontrase pero no hay por qué realizarla cuando estés sentado. Hacer ejercicio puede ser una buena práctica para centrarse en uno mismo, cualquier actividad te puede ayudar a encontrarte.
Sonriendo y ayudando a los demás. Los monjes Zen dedican parte de su día al servicio a los demás. Esto enseña humildad y aleja el egoísmo de sus vidas que se orientan al servicio. Dentro de la familia o fuera puedes dedicar ese tiempo a los demás. De igual forma sonreír y ser amable con todo el mundo ayuda a mejorar la vida de los que te rodean.
Haciendo que limpiar o cocinar sean parte de la meditación. Además de la meditación zazen, limpiar y cocinar son partes importantes del día de un monje Zen. Pueden resultar vigorizantes al realizarlas cada día como prática del auto-conocimiento. Si resulta que son aburridas, intentas hacerlas parte de la meditación, concentrado en ellas, haciendo pausada y plenamente, tu día cambia plenamente (y tu casa estará más limpia y ordenada).
Pensando qué es necesario. Hay muy poco en la vida de un monje Zen que no sea necesario. En su armario no hay prendas exclusivas, ni muchos zapatos, nada de instrumentos tecnológicos, coches o comida basura (su dieta es vegetariana). No es necesario vivir como un monje Zen pero nos tiene que servir para recordar que hay muchas cosas en la vida que no son necesarias; es interesante pensar que necesitamos realmente en nuestra vida y que cosas son necesarias.
Viviendo de forma sencilla. Es que, si no es necesario, puedes vivir sin ello. Liberando, soltando y dejando ir aquello que no sea necesario o esencial. Para cada uno, esto será diferente, familia, lectura, ejercicio o lo amigos pueden ser algo esencial en tu vida. Decides lo que es lo más importante para tu vida y le das cabida en tu vida eliminando lo que no sea esencial.

Ph: https://tierrapatagonia.wordpress.com/2010/08/05/invierno-en-nahuel-haupi/

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El Camino entre las piedras

Do - EL Camino

“El ‘camino’ de la práctica no es llano, sino que está cubierto de piedras afiladas que nos hacen tropezar o que pueden atravesarnos los zapatos. La vida en sí misma es peligrosa. Y encontrar el peligro es, en términos generales, lo que impulsa a la gente a acercarse al zen.
El sendero de la vida parece ser un cúmulo de dificultades, de cosas que nos dan problemas; sin embargo cuando más practicamos más comprendemos que esas piedras afiladas del camino son, en realidad joyas de inmenso valor porque nos ayudan a preparar las condiciones adecuadas para nuestra vida. Las piedras son diferentes para cada persona. Alguien podría desesperadamente necesitar más tiempo a solas; otro tal vez ansíe pasar más tiempo con otras personas. La piedra afilada podría ser trabajar con una persona desagradable o vivir con alguien de trato difícil. Las piedras afiladas podrían ser tus padres, tus hijos, cualquier persona. No sentirte bien podría ser tu piedra afilada, o perder tu empleo, o haber conseguido uno nuevo y preocuparte por conservarlo.
Piedras afiladas existen en todos lados, lo que cambia a partir de los años de práctica es que llegas a saber algo que ignorabas: que no existen las piedras afiladas, sino que el camino está cubierto de diamantes”.

La vida tal como es – Enseñanzas zen
Charlotte Joko Beck con Steven Smith
Ed. Gaia-2006