Mitori geiko (見取り稽古), Blackwell’s notebook, piscina y silencio.

Lo malo de lesiones como esguinces, tendinitis o bursitis es que no son (otras veces sí lo son) demasiado dolorosas o complicadas. No te sientes lesionado y crees que con una semana de reposo podrás volver a entrenar… hasta que entrenas o caminas veinte minutos. Pero luego están las lesiones graves, como en mi caso, una fractura con estallido múltiple de húmero distal, cirugía traumatológica y ortopedia, dos placas, once tornillos y rehabilitación. En mi caso, voy para tres meses sin aikido ni iaido, que será mucho más largo y me temo que todavía me queda una baja definitiva: aikido.
¿Qué cosas puedes hacer durante una lesión como esta?

  • Quedarte quieto y desapegarte de todo. Va a pasar, no te resistas. Pasa el trance como puedas y atiende tu salud cuanto antes, y antes también te podrás curar y sanarte que es lo que tienes que hacer.
  • Estudiar. Iaido es hacer, hacer y hacer, ya lo sabemos. Pero igual que estos últimos meses he empezado a tomar nota del trabajo, estas últimas semanas he tratado de repasar los apuntes de la libreta y a leer algo más sobre iaido. Uno de mis mayores temores al lesionarme era perder, además de habilidades, continuidad de trabajo. Repasar lo último que he trabajado y pensar un poco en algunas cosas pendientes no me está viniendo nada mal.
  • Leer. Saber lo que anda haciendo (y enseñando) otra gente ayuda a pensar en los deberes pendientes. También lo que están pasando otros budokas. Lo que le sucede a uno, y cómo lo soluciona, sirve a otros.
  • Actividad Física. Una ventaja de tener sólo una fractura de húmero con cirugía y prótesis es que puedes seguir haciendo actividad física. No correr ni hacer trekking, desde luego no dar puñetazos a la pared ni levantar bolsas de 50 kg, pero sí aprovechar la piscina para trabajar la relajación y las contracturas y ejercitarte en casa. Nadar se hizo complicado por ahora. A la espera de una oportunidad a futuro con la solución del alta médica. Si todo va bien, espero ir mientras no pueda practicar y continuar después si se puede. En la actividad física en casa, que ahora puedo practicar como todos los días hago la rehabilitación de fisio/kinesioterapia, sí he notado una progresión ligera si comparo con el mes pasado y el anterior. Percibes la mejoría. He aprovechado para aprender algo sobre estos ejercicios para no lesionarme más de lo que ya estoy: esta clase de ejercicios fáciles de hacer son los que, lógicamente, se realizan sin usar los brazos.
  • Aprender ejercicios nuevos. Traducir las técnicas y katas a una idea de ejercicios para tratar de repetir movimientos para Happo undo, Happo-no-giri, Nukitsuke, Kiritsuke, Chiburi, Nototsuke y Suburi. Se hacen más sencillos cuando los puedes hacer con la lentitud y torpeza de la mano lenta de movimientos restringidos y entiendes cosas que no terminabas de visualizar.
  • Taller de mantenimiento. Los bokken y el iaito que necesitan un repaso; proteger la hoja para evitar el óxido; repasar los nudos del sageo o hacer algún remiendo a la ropa. Ahora no tengo la excusa del tiempo para pasar del mantenimiento, así que…
  • Disfrutar del tiempo libre. Si entrenas más de tres días a la semana, seguro que tienes unas cuantas cosas pendientes en casa. En serio: desconectar no viene tan, tan mal. Te da perspectiva. Todo lo que va a ser imposible hacer en cuanto vuelva a la práctica.

Mitori geiko (見取り稽古)

Finalmente hay que sentarse y escribir…

notebooks

La reciente lesión ha dado nombre a algo que llevo apreciando desde hace mucho tiempo: mitori geiko. Este concepto es bastante simple; se trata de ser capaz de aprender y mejorar observando a un maestro (o compañero), sin embargo, como casi siempre, hay exigencias implícitas, ya que requiere algo difícil de lograr durante las etapas en las que no podemos practicar: concentración. Y es que al contrario de lo que pueda parecer, no se trata ni mucho menos, de una actividad pasiva.

El concepto en sí mismo es básicamente lo que hacemos siempre en nuestra práctica diaria (o al menos eso se supone). Agudizamos nuestros sentidos para aprender la técnica que el maestro transmite. Al principio los rudimentos y poco a poco nos vamos centrando en los detalles. Aunque estemos “cómodamente” sentados en seiza, la actitud siempre debe ser activa.

Indudablemente este trabajo tiene su máximo sentido durante los profundos silencios. Aunque el hecho de no hablar durante una práctica a lo largo de todo un kata pueda parecer extravagante, el resultado parece algo extraordinario, y así mitori geiko adquiere todo su significado. No hay posibilidad de explicación. No hay más remedio que estar atentos.

Siempre recordaré la sensación después de la primera práctica en silencio. Una parte importante y diría mayoritaria es el silencio interior, la mente callada. Después de sentirme tremendamente torpe y dudar de mí mismo en las clases anteriores, ese día creo que empecé a comprender cómo se debe trabajar en Iaido, aunque supongo que será aplicable a cualquier Do que uno decida emprender.

Mientras Mitori geiko nació por necesidad debido a las lesiones de formación, circunstancias de la vida, etc., deberíamos estar constantemente en un estado de Mitori geiko. Toda nuestra práctica se trata de la observación no sólo a través de nuestros ojos, pero nuestros espíritus también. Esto sólo se puede alcanzar por medio del fuerte compromiso personal de una unión mutua de una relación estudiante-maestro. Toda nuestra vida es acerca de esta práctica. Esta toma de conciencia, en los segmentos de tiempo se tejen juntos dando la apariencia de una cantidad infinita de tiempo disponible, es de suma importancia para nuestra práctica plenamente efectiva de las técnicas del Iaido.

En cualquier caso, mitori geiko no termina con la transmisión del maestro. Mitori geiko es aplicable durante toda la clase, desde antes de entrar al tatami hasta después de salir de él ya que no todo es técnica; también hay una etiqueta que cumplir, y qué mejor forma de aprenderla que observando a los demás, aunque esto tiene un esfuerzo añadido: hay que saber a quién mirar…La relación Maestro/Alumno es reciproca, se aprende enseñando y se aprende observando pero cada uno debe experimentar su propio camino. Esto quiere decir que todas las personas nos dejan una enseñanza. El Do no tiene dueño, es para todos y de todos. Es nuestra misión personal alimentar nuestra sabiduría. Recordemos que es la Compasión la piedra fundamental del Camino, con nuestra vida y la de los demás.

Ya saben, a partir de ahora en la práctica hay que observar más y hablar menos y tomar notas.

Dicho de otro modo: Tomar notas.

Círculo. Kata uno, kata doce. Calentamiento. Ichi. Ni. San. Shi. Suburi. Saya. Shomen. Chiburi. Vuelta a comenzar. Y en cuanto te descuidas se ha acabado el día. Una peregrinación circular. Musha shugyo.

¿Y de qué cosa tomar nota? No hay mes, no hay clase de iaido en la que uno no progrese, pero esta temporada accidentada me ha llevado por varios puntos de no retorno. Uno de ellos (o a consecuencia de ellos) es que se ha terminado el aikido (baja definitiva); otro que he empezado a estudiar sobre todo lo relacionado al iaido, algo en lo que suelo insistir. Te sorprendes trabajando insistentemente sobre algo que no te sale, o que le sale a tu compañero. Lo ves en video, lo lees de alguien en lnternet. Preguntas por ahí. Empiezas a pensar sobre el tema fuera del dojo, comienzas a realizar katas en sueños (un día te das cuenta de que escribes un blog).

Mientras tanto, mientras estás imposibilitado de empuñar el iaito, ejercitas la mano y la muñeca con torpes movimientos del wakizashi bo. Así que aconsejo llevar un cuaderno y tomar apuntes de nuestra progresión diaria. Así lo hice. Siempre suelo llevar mi cuaderno encima: escribo mucho en papel, sobre todo proyectos; anoto ideas nuevas. También describo propuestas a desarrollar. Y desde finales de 2010 apuntes de las experiencias en los diferentes dojos, desde las prácticas de aikido hasta las más recientes de iaido.

No sé cómo lo harán mis compañeros: yo empecé escribiendo impresiones después de cada práctica. Las notas van fundamentalmente de tres cosas:

  1. Una corrección o indicación específica que me hayan hecho.
  2. Una indicación general que me haya llamado especialmente la atención en la práctica: puede que no tenga que ver con el tema central del día, y probablemente por eso sea la más importante para anotar, porque corres más riesgo de perderla.
  3. Verbalizar lo experimentado en el entrenamiento.

Esto último tiene que ver mucho con el trabajo técnico como el interno: analizo, por ejemplo, cuándo aparece frustración, qué la desencadena, en qué me influye. Al escribirlo quito la carga emocional en favor de mi capacidad de análisis y siento la base para trabajarlo mejor al día siguiente. A la vez estoy tomando nota de las técnicas y katas que han salido y las que no. Del mismo modo que al escribir lo que no funciona se produce un saludable distanciamiento, al tomar nota de lo que sale bien la autoestima crece. El agotamiento mental es otra lesión corriente entre iaidokas: ser justo con uno mismo es una buena prevención. Es increíble lo agotado que puedes terminar luego de una práctica en la que apenas te mueves…
En cuanto a los dos primeros ejes de mis notas, he ido comprobando a lo largo de apuntes que tienden a confluir en el tema. Mucha atención al kata, los detalles de postura y al control de distancia: las indicaciones que me han dado giran sobre todo en torno a éstos, pero también otros detalles de los que he ido haciéndome más consciente gracias, sobre todo, a los apuntes (mentales y escritos). Posición correcta, relajación de las manos…consecuentemente, las indicaciones generales que más me han llamado la atención también están relacionadas con estos detalles.

Pero y así todo. Aprender mirando.

aprender mirando

Si tomas notas es para leerlas después, así que procuro repasar la última clase antes de la siguiente: unas horas antes o el día previo. Puedo haber escrito páginas, pero me marco sólo uno o dos objetivos importantes para la clase siguiente (además por supuesto de lo que trabajemos como grupo). Uno o dos: nunca más de tres. Es algo que aprendí de mi sensei: siempre trabajar una cosa cada vez.

Esos objetivos han girado, de nuevo, sobre la postura y la estabilidad y todo lo que las determina: un día puede ser la carga de peso, en el siguiente carga de peso y trabajar sobre el centro; al tercero cargar bien el peso, trabajar el centro y relajar los brazos. O la posición del iaito respecto a la posición del brazo, la pierna. Cada cuaderno de notas tendrá los suyos. No se trata de mirar sólo estos objetivos, sino de prestarles atención junto al trabajo del día. A mí me son especialmente útiles durante el keiko. Al finalizar la práctica, pasado un rato y una ducha, lo primero que anoto es la progresión de estos objetivos. A continuación las indicaciones particulares, las generales y qué ha sucedido, bien o no tan bien, durante la práctica.

Mi cuaderno está además sembrado de citas: el zen y los maestros dicen… Nunca sabes de quién va a venir el consejo que necesitas en cada momento: si me aconsejan, lo apunto. Lo cierto es que el cuaderno me ha resultado, después de un primer momento, en más atención, más autoestima y más capacidad de análisis de mi propio iaido. Tan es así que he empezado a utilizar el mismo sistema después de las clases de iaido, en otros momentos y también para evaluar mi progresión personal. Y creo que en cuanto llene esta Blackwell’s notebook voy a utilizar un cuaderno únicamente para apuntes de budo.

Practicar, intentar practicar, Iaido lesionado es una experiencia enriquecedora. Te obliga a realizar movimientos con el gasto de energía justo. El cuerpo no acompaña y las sensaciones se pierden. Sin embargo da paso a un dialogo interno nuevo. Hay incluso ausencia de ego, uno solo quiere sobrevivir. Las articulaciones, los músculos, los tendones duelen y la katana (que en realidad apenas puedes empuñar) y el cuerpo pesan. ¡Uf! que largo se ha hecho y todo parece que ha ocurrido ayer mismo o hace años atrás. Pero bueno: retroceder nunca, rendirse jamás. Todo es un sueño con sus ensueños. Pero para mí todo es muy real, intrínsicamente ilusorio pero real. Menos mal que me dura poco, te despiertas cada mañana y te sorprendes de seguir vivo.

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